Del Editor de TDM
(Publicado en Tierra de Maravillas. Nº 4 / Junio 2007)
No es intención de estas líneas fulminar la palabra “gente”. Tampoco emular a Marianito Grondona, explicando la etimología de tan noble vocablo. Porque, de verdad, es una palabra que tiene seductoras resonancias, que parecen acercarnos al común, a los seres humildes y desconocidos. ¿A que se debe entonces, esa sensación de asco, de fraude, cuando los comunicadores sociales les exigen imperativamente a los políticos que “interpreten las necesidades de la gente”? ¿Por qué será que esa misma sensación se repite cuando los aspirantes a ocupar algún sillón (municipal, provincial o nacional) se auto adjudican la condición de portavoces de esa gente? ¿Desde dónde se habla y de qué gente se habla?